sábado, 14 de septiembre de 2013

7.

La vida pasa.

Pasa tan rápido como ese pitido del reloj cada hora.
Pasa como ese segundo en el que nuestras miradas se cruzan.
Pasa como ese suspiro que dice 'se acabó'.
Y pasa tan, tan rápido, que sólo tengo que verte de espaldas para saber que eres pasado.

Ahora mis comisuras se pasan estiradas todo el día, y no es gracias a ti.
Ahora entiendo que no vale con pasar página, que hay que quemar el libro.

(Lo siento). Lo tuve que quemar. No querías llegar hasta el final; y que te quedases parado en un capítulo y no quisieras seguir leyendo, dolía.
Pero, ahora sé que cuando quemas un libro, la vida te regala otro.

Adiós.


Ahora lee otra persona. Leo con otra persona.

Y nos perdemos en cada estrofa, cada párrafo. Me pierdo entre sus palabras.
Y hago lo imposible para seguir perdiéndome en él.
Perdiéndome, he llegado a tocar las estrellas sin quemarme. Y es que, tiene el firmamento en la espalda.

La vida pasa.

Pasa tan rápido como ese momento en el que cierro los ojos y hago girar la bola del mundo, para buscar lugares donde perderme con él.
Luego recuerdo que, aunque no haya visitado todas las ciudades de este mundo, sé que mi lugar favorito son sus brazos. Y ahí la vida se para.

¿Sabes? Me sujetas. Me pierdo en ti. Y sólo así, me encuentro a mí misma.
¿Sabes algo más? Cuánto más me sujetas, más miedo tengo de caer.

Permíteme seguir viendo el firmamento cada noche.

Y no dejes de sujetarme.

 

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